sábado, 31 de mayo de 2008

Si no existiera la noche...


"No me importó la respuesta ya que no me la daba, le di un beso en la mejilla y sin mucho afecto me fui caminando, el recorrido ya lo conocía, muchas veces lo mismo, no era mala la idea, pero junté fuerzas y me fui a buscarla.

La encontré en el baño de un bar... no sabía que podía ser ese el refugio, pero sin preguntarle el nombre me la llevé a casa. Todo era muy raro, no necesitábamos hablar y si de pronto me aburría, le contaba algunas cosas feas de mi vida como para que no se enganchara mucho.Era la primera vez que estaba con ella, por momentos tenía nervios, por otros temblaba del miedo, no sabía que podía pasar después y eso me aterraba.

El teléfono no paró de sonar, en un momento llegué a pensar que era como una señal para que me vaya o deje de estar con ella. Pero era nueva, estaba el gustito ese de que nunca habíamos estado y mucha gente me había hablado muy bien de ella. Empecé a dejar todo por verla más seguido. Me había gustado compartir cosas, no pensé en el resto de mi mundo.

Una noche un tachero me dijo que el amor era la muestra de nuestras carencias en el otro, lo escuché y me reí un poco pero era verdad, ella tenía todo lo que yo necesitaba para sentirme importante. Así que seguí viéndola por un tiempo bastante extenso, cada vez que se iba quería más y más y de a poco fui comprobando que me estaba destruyendo.

Todo se fue de un extremo al otro, nuestros encuentros eran como bombas de estruendo. Tratábamos de disfrutar el momento pero yo veía que ella ya se estaba metiendo adentro mío cada vez más.Trataba de poner distancias o de verla menos, podía mantener esa idea por unos días, me lo ponía como meta pero al poco tiempo siempre terminaba cayendo en lo mismo. El discurso era: ya dejé de verla, ya está, me arruina, no la quiero más, y cada vez que me sentía un poco mal me gustaba tenerla cerca.

De tres veces a la semana, pasamos a una, de una pasamos a quince días, y así hasta q por un tiempo no tuve contacto con ella, la cosa se tornaba insoportable porque ella siempre estaba cuando la quería un rato, siempre fiel ... sabía donde encontrarla. La esquivaba pero volvía, era extraño, en el camino conocía otras, pero ese sabor no lo tenía ninguna... sabía que ella tampoco podía dejarme.

Yo era diferente, ella sabía que a mi podía tenerme por más tiempo y generar una dependencia que en la lengua causaba un sabor extraño. Nadie entendía el por qué de todo esto, pero ella y yo siempre íbamos a estar, hasta un día llegamos a pensar que éramos inevitables a pesar de las distancias.

Me fui de viaje, traté de desconectarme lo más que pude, pero para donde miraba estaba ella, sabía que cualquier noche la podía tener en mis manos y ella no se negaría, al contrario, me generaría una adicción y todo volvería a empezar, me daba miedo volver a caer.

Un día me la volví a encontrar en un bar, la miré un poco de reojo, ya que a los ojos me daba temor... era la misma de siempre, le escapé, no quise saborearla, ella estaba dispuesta a todo. Le dije que se fuera, no necesitaba ese cariño por una sola noche.

No me importó la respuesta ya que no me la daba, le di un beso en la mejilla y sin mucho afecto me fui caminando, el recorrido ya lo conocía, muchas veces lo mismo, no era mala la idea, pero junté fuerzas y dejé que la casualidad vuelva a juntarnos, no podíamos obligarnos a hacernos tanto mal.

En ese momento abrí los ojos, mi nariz sangraba..."

1 comentario:

Anónimo dijo...

si no existiera la noche existirian las hormigas, de todas formas aunque un poco depre me gusto.Nor