Marina miraba por la ventana, lo único que veía desde ella eran cables, no sabía por qué estaban ahí tampoco le importaba demasiado, creía que había hormigas, tenía que encontrar la salida, para lograrlo tenía que llegar, para llegar tenía que caminar, no podía hacerlo. Miró para el otro lado, solo tenía un aparato para llamar a la enfermera, no podía moverse.
Desde ese día todo había cambiado, personas, lugares, momentos, todo había sido muy extraño, no entendía por qué estaba postrada ahí, solo sabía que la amenazaban un par de cables. En la ventana, solo había un paisaje gris, trataba de encontrarle forma pero no tenía medios, los cables seguían persiguiéndola.
El teléfono no sonaba, sabía que si seguía llamándolo con el pensamiento no podría ubicarlo, lo único que conseguía era alejarlo cada vez más. Había sido una buena puerta, había servido para intentar sacarla, algo se lo negó y todavía no podía salir. El llegar se dificultaba...
Sentía que el cuerpo se le desvanecía, viajaba constantemente, no lograba entender por qué él tenía eso que ella no podía conseguir, su complemento. Tenía cuerpo, sentía que formaban parte, por las noches creía haber encontrado un refugio, todo era confuso...
Las personas que entraban a saludarla dejaban lo peor de ellas en el almohadón abandonado a los pies de su cama. No encontraba soluciones, solo quería salir de los cables. Seguía invocándolo y no podía conseguir nada.
Marina solo quería irse de ahí, escuchaba el eco que decía que todavía no estaba preparada, solo quería escapar.
Seguía esperando que sonara el teléfono, ese momento no llegaba, lo esperó y esperó pero nada, la tarde pasó, prendió un cigarrillo a escondidas ya que fumar no le estaba permitido. Lo saboreó como si fuese el último, dejaba su vida en cada pitada... pero el teléfono no sonaba. Los cables estaban cada vez más cerca de su ventana.
La gente seguía entrando y dejando ruido en la habitación. Marina ya no escuchaba y lo que menos hacía era responder a las quejas de sus conocidos. Las caras eran borrosas, estaba comenzando a olvidarse de las caras de todos. Nada la convencía.
Los cables la seguían amenazando... ya no podía tolerarlo más. Agarró el aparatito que tenía en la mesa de luz y llamó a la enfermera, cuando vino, pidió que por favor la cambiaran de habitación. Sabía que iba a extrañar el ruidito silencioso de las hormigas al trabajar, pero no podía tolerar que esos cables la invadan como las personas que desfilaban por la habitación.
Necesitaba estar sola y el primer paso era dejar a las hormigas, la única compañía que había tenido en todo este último tiempo. El timbre seguía sin sonar, pero la espera ya había dejado de lado su cabeza, las hormigas ya no estaban acosándola.
Desde ese día todo había cambiado, personas, lugares, momentos, todo había sido muy extraño, no entendía por qué estaba postrada ahí, solo sabía que la amenazaban un par de cables. En la ventana, solo había un paisaje gris, trataba de encontrarle forma pero no tenía medios, los cables seguían persiguiéndola.
El teléfono no sonaba, sabía que si seguía llamándolo con el pensamiento no podría ubicarlo, lo único que conseguía era alejarlo cada vez más. Había sido una buena puerta, había servido para intentar sacarla, algo se lo negó y todavía no podía salir. El llegar se dificultaba...Sentía que el cuerpo se le desvanecía, viajaba constantemente, no lograba entender por qué él tenía eso que ella no podía conseguir, su complemento. Tenía cuerpo, sentía que formaban parte, por las noches creía haber encontrado un refugio, todo era confuso...
Las personas que entraban a saludarla dejaban lo peor de ellas en el almohadón abandonado a los pies de su cama. No encontraba soluciones, solo quería salir de los cables. Seguía invocándolo y no podía conseguir nada.
Marina solo quería irse de ahí, escuchaba el eco que decía que todavía no estaba preparada, solo quería escapar.
Seguía esperando que sonara el teléfono, ese momento no llegaba, lo esperó y esperó pero nada, la tarde pasó, prendió un cigarrillo a escondidas ya que fumar no le estaba permitido. Lo saboreó como si fuese el último, dejaba su vida en cada pitada... pero el teléfono no sonaba. Los cables estaban cada vez más cerca de su ventana.
La gente seguía entrando y dejando ruido en la habitación. Marina ya no escuchaba y lo que menos hacía era responder a las quejas de sus conocidos. Las caras eran borrosas, estaba comenzando a olvidarse de las caras de todos. Nada la convencía.
Los cables la seguían amenazando... ya no podía tolerarlo más. Agarró el aparatito que tenía en la mesa de luz y llamó a la enfermera, cuando vino, pidió que por favor la cambiaran de habitación. Sabía que iba a extrañar el ruidito silencioso de las hormigas al trabajar, pero no podía tolerar que esos cables la invadan como las personas que desfilaban por la habitación.
Necesitaba estar sola y el primer paso era dejar a las hormigas, la única compañía que había tenido en todo este último tiempo. El timbre seguía sin sonar, pero la espera ya había dejado de lado su cabeza, las hormigas ya no estaban acosándola.
3 comentarios:
Marina esta esperando una llamada, algo que la saque de ahí.
Énola parece que también.
Pero lo que no sabe Marina que Énola sí, es que es muy probable que esa llamada nunca llegue.
No esperes más, haz tu esa llamada.
Tienes con que. Tu vida esta en tus manos. Muéstrate.
Te quiero,
S.
Copio : tenía que encontrar la salida,
todo había cambiado,personas que entraban a saludarla dejaban lo peor de ellas,solo quería irse de ahí,Necesitaba estar sola ,ya no estaban acosándola.
eno , por ahi marina necesita estar libre de todo lo que piensa que es y en realidad no es, de todo lo que imagina que sera y por ahi no sera .. ser libre de los demas ,, y simplemente ser ella y ser tan libre que hoy ya deje de esperar
un abrazo arichi,,,
''TU vida en TUS manos'' y si no Ia atienden?
marina no sabe si esa llamada llegara... está en las mismas condiciones q énola.
no hay ventaja.
estoy en total desacuerdo con el primer comentario.
tus escritos son muy transparentes. te felicito.
pedro.
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